Desde hace unos meses la industria de la música parece vivir tiempos más dulces. Las discográficas miran al futuro con optimismo, palabra que directores de ventas habían borrado de su vocabulario desde hace años con la bajada de las ventas de música en CD. A día de hoy, siguen sin remontar las ventas, pero Internet, el culpable de la muerte de la música en formato físico, es ahora el responsable de un reciente fenómeno que ha cambiado la forma de consumir música para muchos.
Esa imposible esperanza la han conseguido dos jóvenes suecos, Daniel Ek y Martin Lorentzon, lanzando al mercado su aplicación Spotify, empleada para escuchar música en formato mp3 en streaming (término que se refiere a ver u oír un archivo directamente en una página web sin necesidad de descargarlo antes al ordenador). A través de esta herramienta, no sólo han ofrecido una plataforma para escuchar un catálogo, cada día más amplio, de música en alta calidad sin descargarse las canciones en su disco duro, sino que por primera vez en la era de Internet, han logrado el casi total consenso de productores, artistas, consumidores de música y de los internautas más entregados en la piratería hasta el momento.
¿Cómo lo ha conseguido Spotify?
Se lanzó en febrero de 2009 en España y la aplicación ya cuenta con 800.000 usuarios, y una lista de espera de 60.000 personas queriendo descubrir el mundo Spotify. Sólo se puede formar parte de la comunidad Spotify si se recibe una invitación por parte de otro usuario. Esa ansia por poder entrar y disfrutar del catálogo de la herramienta da mucho prestigio a Spotify, los que ya están son conscientes de estar involucrados en algo importante para el mundo de la música y su supervivencia a nivel de negocio.
Spotify se presenta como Itunes, el famoso reproductor de mp3 de Macintosh. El usuario busca entre el amplio catálogo de mp3 (la compañía habla de unas 10.000 canciones nuevas cada día) a sus artistas preferidos o a nuevos que quiera conocer. De la misma manera que en Itunes, el usuario forma su lista de reproducción y se guarda un historial de sus búsquedas a las que podrá volver cuando le apetezca mientras esté conectado a Spotify. La gran diferencia entre los dos medios es que en el primero no existe esa necesidad de poseer la música para poder tener acceso a ella. Lo que verdaderamente importa ahí, es poder escuchar la música, compartirla y que la aplicación se acuerde de sus preferencias.
La clave de Spotify reside en haber logrado un acuerdo con las grandes productoras del negocio internacional de la música (Sony, Universal, EMI, Warner) y los sellos independientes más importantes. Las discográficas son accionistas de Spotify y sus ingresos provienen de 2 fuentes diferentes: la publicidad (cuñas entre las canciones, banners en el reproductor), y la suscripción a la aplicación. El usuario puede elegir entre un acceso gratuito con el cual escuchará cuñas (no muy intrusivas hasta ahora) o un acceso de pago (por días o por mes) que le liberará de esos cortes de publicidad. Con esta fórmula Spotify ha conseguido contentar a los grandes del negocio, aunque como en todos los casos, unos grandes artistas (Pink Floyd, The Beatles, AC/DC…) siguen reacios a que su catálogo figure en Spotify.
El precio de suscripción al mes es de aproximadamente 10 euros, lo que hace que por el momento los usuarios se limiten a entrar en Spotify vía acceso gratuito con cortes de publicidad. Un acceso de pago a precio más reducido ayudaría a que muchos den el paso y estén dispuestos a escuchar toda la música que desean a un precio muy reducido y con gran calidad de reproducción.
Spotify, consciente de la realidad tecnológica actual propuso hace poco un acceso off-line, vía móvil, con el que un usuario puede escuchar sus listas de reproducción con la única condición de tener un acceso Premium (de pago al mes). Este método persigue, como en todos los casos, tener acceso fácilmente al contenido y no necesariamente poseerlo para poder disfrutar de la música legalmente.
Hace justo unos días, los franceses “Deezer” se han subido igualmente al carro lanzando sus propias ofertas de contenido streaming en mejor calidad vía pago.
Spotify significa una verdadera (r)evolución dentro del consumo de música en Internet, pero no está todo ganado, los ingresos por canciones escuchadas de un artista son mínimos de momento, eso sí, se hace de forma legal y con el respeto a la creación.



